Ahora, cuando el verano va tocando a su fin, quizá sea el momento en que valoro más, la ventaja que supone disponer de una piscina donde toda la familia, sobre todo los más pequeños, calman los rigores de la canícula y al tiempo realizan un ejercicio físico adecuado para todos y todas las edades casi sin excepción; también es el momento de pensar en sustituir el césped por baldosas hidráulicas antideslizantes.

Son muchos y variadas, las razones que me han llevado a adoptar esa decisión; la gran cantidad de agua de riego necesaria para mantener el césped en un estado óptimo, sumada al consumo de energía que provoca haciendo que la depuradora trabaje más horas, además del cortacésped, etc. son razones de peso por sí mismas, para optar por sustituirlo por baldosas antideslizantes.

Rodear la piscina, o al menos gran parte de ella de baldosas antideslizantes me permitirá por añadidura, disponer de un firme más nivelado y sólido, que facilitará a los miembros de más edad de la familia la posibilidad de disfrutar con seguridad, de frescas veladas de verano cerca de la piscina, mientras los pequeños se remojan, y de agradables tardes de sol en invierno.

Seguridad para todos

La seguridad es el argumento que, sin duda, ha inclinado la balanza definitivamente hacia la opción de colocar baldosas antideslizantes alrededor de la piscina, seguridad para los más pequeños también, ya que con un buen tratamiento antideslizante se evitan los peligrosos resbalones. Sólo falta elegir cuidadosamente el material y diseño adecuados para cubrir mis expectativas, aunque en este aspecto no tengo dudas…

Me pondré en manos de los profesionales de Mosaics Torra y el resultado será el deseado.